Irse de Casa: Vida en Solitario

Puede resultar interesante tanto para aquellos que buscan identificarse con experiencias similares como para aquellos que aún no han dado el paso y sienten curiosidad por saber cómo es vivir solo. 

Sin embargo, quiero enfatizar que no hay una única forma de llevar una vida independiente, y si no sientes la necesidad de irte de casa y prefieres quedarte, eso está perfectamente bien.

No permitas que los estereotipos sociales dicten lo que debes o no debes hacer, ya que cada persona tiene sus propias circunstancias y decisiones que tomar.

Tomar la decisión de independizarme y vivir solo

Seguramente en algún momento de nuestras vidas, todos hemos sentido el deseo de abandonar el hogar familiar y valernos por nosotros mismos.

Es una idea emocionante y parte de nuestra naturaleza buscar y forjar nuestros propios caminos, especialmente cuando llegamos a cierta edad.

En mi caso, esa inquietud de irme de casa surgió cuando tenía 23 años. Me encontraba en una etapa de profunda reflexión interna, cuestionándome ¿qué estaba haciendo con mi vida?, tal vez padecía un poco de “crisis existenciales”.

Tras meditar profundamente sobre mi situación, finalmente decidí que me sentía preparado para dar el paso y vivir solo. Era momento de buscar mi propio camino.

No puedo decir que tuviera todo perfectamente planificado o que contara con suficiente dinero para sobrevivir durante mucho tiempo.

Típico de un joven que se adentra en lo desconocido sin saber del todo a qué se enfrenta. Pero las circunstancias se dieron, vi la oportunidad y la tomé dejando todo atrás. Por supuesto, sentía miedo, ¿quién no lo tendría al aventurarse hacia lo desconocido?

Sin embargo, algo que ha caracterizado mi vida es el coraje para enfrentar las cosas, sin importar lo que pueda suceder. Desde muy joven, siempre fui una persona que le emociona los desafíos, dispuesto a afrontar cualquier circunstancia nueva.

Así fue como me aventuré a mudarme a un país y una ciudad completamente desconocidos para mí. Afortunadamente, encontré a personas maravillosas que me facilitaron el proceso en aquel momento.

Sin embargo, adaptarme a las costumbres y diferentes jergas de esta nueva ciudad fue un poco tedioso al principio.

Aprendí a moverme por la ciudad en términos de empleo y logré conseguir uno, aunque lo odiaba por ser un trabajo pesado en una zona de cuartos fríos, cargando productos en camiones. Cargar cosas nunca fue lo mío, pero como cualquier persona en un lugar nuevo, uno se adapta a lo que se presenta.

Con el tiempo, fui descubriendo cómo funcionaba la ciudad en términos de empleo y pude optar por otros trabajos.

Con el dinero que logré ahorrar, alquilé un pequeño estudio, un sitio sencillo donde vivir. Fue allí cuando realmente experimenté el comienzo desde cero en la vida.

Me tomé un momento para contemplar mi situación desde una perspectiva externa y me dije a mí mismo: —Lo lograste de nuevo, David. Pensaste en irte de casa, y aquí estás—.

La sensación de miedo combinada de emoción

Aprendiendo a vivir en solitario

En este nuevo hogar, me di cuenta de lo desagradecido que uno puede llegar a ser cuando vive en casa de sus padres, ya que damos por hecho todo. No preocuparnos por la comida, lavar la ropa, tener una cama con sábanas limpias y todas las comodidades a las que estamos acostumbrados.

Al comprar cosas para tener una vida estándar, como una cama, almohadas, cobijas, mini nevera, utensilios de cocina y productos de limpieza, me dije a mí mismo —vivir solo conlleva muchas responsabilidades—

Siempre me ha gustado la tranquilidad y la soledad, por eso al principio vivir solo fue fácil para mí. Sentir una independencia total fue emocionante, me creía un adulto autosuficiente en ese momento. Sin embargo, como todo novato en nuevas experiencias, cometí errores que tuvieron consecuencias más adelante.

En mi caso, descuidé mi alimentación y me dediqué a salir de fiesta con amigos casi todas las semanas. Gastaba dinero en cosas innecesarias y no llevaba un control de mis gastos e ingresos.

No dormía bien y me convertí en una persona totalmente inestable, alguien que aparentaba tener el control de su vida, pero en realidad no lo tenía.

Obviamente, ¿qué se le puede pedir a un joven que está experimentando la libertad de irse de casa? Supongo que en muchos casos es normal pasar por esas situaciones al iniciar nuestro camino en solitario.

Así fue mi experiencia durante los primeros años, y sin darme cuenta, empecé a notar lo solo que me sentía al llegar a mi pequeño aparta-estudio, a pesar de su tamaño reducido, lo sentía inmenso.

Comencé a sentirme un poco solo, recordando aquellos momentos en los que llegaba a casa y mi madre me recibía con todo el amor del mundo, además de una buena comida.

Definitivamente, el amor de una madre y sus comidas son una maravilla, en eso todos podríamos estar de acuerdo. Así que aprovecha y valora al máximo esos momentos mientras puedas seguir disfrutándolos.

El tiempo siguió pasando hasta que un día empecé a ver las consecuencias del estilo de vida que llevaba. El dinero ya no me alcanzaba, al punto de que un día tuve que desayunar, almorzar y cenar solo cereal porque no tenía nada más que comer. Eso me hizo sentir muy decepcionado de mí mismo.

Luego empecé a tener problemas con mi estabilidad mental y emocional. Había días en los que llegaba del trabajo y experimentaba bajones emocionales en los que no quería hacer absolutamente nada, simplemente me quedaba en la nada o dormía hasta el día siguiente.

Empecé a subir de peso y mi autoestima comenzó a disminuir. Caí en la rutina de ir del trabajo al estudio y del estudio al trabajo.

Sentía que mi vida era una mierda, para ser honesto. Pero como todo buen ser humano, evadía todo eso y seguía refugiándome en otras cosas sin enfrentar la realidad.

Aprendiendo a vivir en solitario

Vivir solo es una experiencia de doble filo, puede sacar lo mejor o lo peor de ti. En mi caso, sacó lo peor de mí en los primeros años.

Además, no tienes a nadie que te diga qué estás haciendo bien o mal, olvídate de papá, mamá o hermanos, simplemente estás tú.

Para ser más claro, eres responsable de ti mismo y no todos están preparados para eso.

Así fue como posteriormente inicié un proceso de cambio en mi vida. Empecé por cambiar de empleo, ya que no me sentía feliz en el trabajo que tenía.

Dejé de lado al grupo de amigos con los que solía salir y decidí tener una dieta saludable. Retomé el deporte y la actividad educativa. Comencé a llevar un control de mis finanzas personales y eliminé de mi vida aquello que resultaba tóxico.

Cuando estás y vives solo, tienes dos opciones: lamentarte y seguir como vas, o tomar las riendas de tu vida.

Al decidir tomar las riendas de mi vida, empecé un viaje de autodescubrimiento que considero que todos deberían experimentar. Ayuda de manera increíble a tener una idea de qué queremos hacer con nuestra vida.

A nivel personal, descubrí que mis pilares de vida son el bienestar mental, espiritual, físico y emocional. Ese es mi eje.

No mentiré, estar solo es difícil. A veces, solo querrás regresar a casa y sentirás que no puedes más. Llorarás y tendrás caídas emocionales. Querrás mandarlo todo a la mierda.

Enfrentarás situaciones en las que te sentirás emocionalmente inestable, mentalmente agotado y físicamente fatigado. Sentirás que estás llegando a tu límite y estarás a punto de rendirte.

Pero, por otro lado, llegará un momento en el que superarás todo eso y saldrás adelante. Serás fuerte y te convertirás en una mejor persona. Mantén la convicción de lograr lo que deseas.

Si pudiera darle algunos consejos a mi yo de hace algunos años al inicio de vivir solo, serían los siguientes:

  1. Renta un lugar que se ajuste a tus posibilidades reales, no necesitas tener un espacio sumamente grande.
  2. Lleva un control de tus finanzas. Usa Excel, un cuaderno o cualquier herramienta para llevar un registro de tu dinero.
  3. Compra comida para una semana como máximo. Si compras para más tiempo, es probable que se eche a perder.
  4. No compres cosas innecesarias. Solo adquiere cosas que sean útiles y que vayas a utilizar con frecuencia.
  5. No compares tu situación con la de los demás, ya sea que estén mejor o peor. Concéntrate en tu propia vida y en lo que deseas.
  6. No te lamentes por cometer errores. Acéptalos y sigue adelante. Recuerda que estás empezando tu camino.

Para finalizar, debo confesar que mi experiencia ha sido increíble a pesar de sus altibajos, como todas las experiencias. Sin duda, todo lo que he vivido hasta el momento se debe a que me atreví a vivirlo.

No fue una cuestión de suerte, como muchos podrían pensar.

A menudo, cuando escuchamos historias de personas que han tenido éxito en algo, tendemos a creer que tuvieron suerte, pero no es así.

La realidad es que se atrevieron a vivirlo, tuvieron la valentía de hacerlo y eso los llevó a donde están.

Por último, baja un poco la velocidad de querer estar en el futuro. La casa, el auto, el viaje u otras aspiraciones llegarán si mantienes un enfoque claro y trabajas para alcanzar tus metas.

Disfruta el presente y valora cada etapa de tu camino hacia la independencia y el autodescubrimiento.

Recuerda, aprender a vivir solo puede ser todo un desafío, pero también una experiencia enriquecedora que te ayudará a crecer y conocerte mejor. ¡Ánimo y sigue adelante!

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